Gure industriaren geroa / El futuro de nuestra industria

Antón Borja Alvarez

Profesor de la EHU-UPV

 
 

El PCTI 2020 y la industria vasca

La evolución del sector industrial de la CAPV ha pasado de suponer el 25,8 % del PIB en 2005  a un 20,7%  en 2012 (13.893 M de euros). La evolución del PIB durante la crisis también ha tenido una evolución significativa: para 2007 su valor  alcanzaba la cifra de  66.179 M de euros, en cambio, en 2013 era de 62.780 M de euros.

 Al analizar la industria vasca, según  el nivel tecnológico tenemos los datos siguientes:

Empleos en la Industria. CAPV

                                                          2007              2012

Nivel tecnológico alto                      11.466             9.025

Nivel tecnológico medio alto           65.659           52.389

Nivel tecnológico medio bajo        116.617           96.812

Nivel tecnológico bajo                     52.963           35.887

Sin clasificar                                     4.765             9.060

TOTAL                                          255.294         203.174

Como se ve, se han perdido más de 52.000 empleos en la CAPV, en todos los niveles tecnológicos , pero en mayor cantidad en los niveles medio bajo (casi  20.000 empleos) y bajo (17.000 empleos), niveles en los que los costes salariales son un  factor determinante frente a producciones de China, Rusia, Brasil, etc.

En cuanto a la riqueza industrial si en 2007 alcanzaba la cifra de 17.615 M de euros, para 2012  se contabilizaban 13.891 M de euros, es decir una disminución de 3.724 M de euros. El tejido industrial, motor de la economía vasca, se va debilitando y, desgraciadamente, la destrucción de empleo industrial seguirá, aunque más lentamente que hasta ahora.

A señalar, asimismo, que  los flujos de las  inversiones empresariales hacia fuera de la CAPV y hacia dentro muestran grandes desequilibrios. Para el periodo 2009-2013, los   inversores foráneos contribuyeron con 2.195 M de euros y la inversión vasca en el exterior alcanzó la cifra de 10.353 M de euros.

Además, la mitad de la industria vasca es intensiva en energía, lo cual es un factor de vulnerabilidad, y todavía tienen mucho peso las industrias contaminantes.

En los últimos años, 2010-2013, en relación a los recursos dedicados a I+D+i ha habido una reducción del 4% en la CAPV, cuando en Alemania se ha incrementado en un 18%.

En este contexto, ¿cómo situar el Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación Euskadi 2020? En dicho plan se señalan tres prioridades estratégicas: Fabricación avanzada, Energia y Biociencia-Salud. Entre los recursos operativos se señalan:  Concentrar las inversiones de I+D+i en los ámbitos de especialización. Potenciar la investigación fundamental y el desarrollo tecnológico. Aumentar la captación de fondos internacionales y las empresas innovadoras.

Para la financiación del PCTI 2020,  se estima disponer de una cantidad total de 11.100 M de euros, de los cuales  corresponderían a los fondos públicos dedicar 3.677 M de euros desglosados de la manera siguiente: Gobierno Vasco 2.737 M de euros, Diputaciones Forales 397 M de euros y Administración general del Estado, 543 M de euros. Por parte de las empresas, la financiación alcanzará los 6.609 M de euros. Finalmente se pretende obtener financiación internacional  por 814 M de euros.

Consideraciones críticas

En el apartado de la financiación, alrededor del 60% corresponde a las empresas, lo que  hace presuponer que el mundo empresarial está de acuerdo con los enfoques estratégicos del Plan  y  con los objetivos operativos. Es muy aventurado  suponer  que un Plan con minoría de dinero público cubra los objetivos prefijados, dado que la iniciativa empresarial responde a estrategias propias que, en su caso, coinciden parcialmente con objetivos públicos. Hay que señalar que las dinámicas  planteadas en el PCTI 2010 y PCTI 2015 han sido de ese orden y no se han cumplido objetivos prefijados, bastante modestos, porque la iniciativa privada era la que “cargaba” con la mayor parte de la financiación prevista.

Se plantean serias dudas sobre la financiación propia por parte del Gobierno Vasco.  En el presupuesto  de 2015, se asignan 206 M de euros para “Investigación Científica, Técnica y Aplicada“ (1,9% del Presupuesto), lo cual es una cifra muy pequeña frente al peso  del PIB industria (20% del total). Si en el PCTI 2015 se señalaban partidas para la inversión en I+D+i de 401 M de euros para 2014 y de  542 M de euros para 2015, ahora en las previsiones del PCTI 2020, se señalan, para dichos años, las cantidades de 359 y de 366  M de euros  respectivamente, cantidades  que suponen reducciones del orden del 40%. ¿Es creíble la consecución de objetivos con un volumen de recursos públicos reducidos, dependiendo de la financiación privada y de la obtención de recursos en la esfera internacional?

Respecto a las líneas prioritarias, no solamente se deben abordar la fabricación avanzada, la energía y la biociencia/salud, sino también sectores tradicionales y con muchas pymes, favoreciendo así la transición a la modernización de las empresas. Y para cumplir estos objetivos no hay suficientes recursos ni se adoptan  instrumentos adecuados.

En primer lugar los ingresos públicos para el Plan son insuficientes, derivados de una fiscalidad que va en retraso 4-5 puntos respecto a los ingresos medios de la UE.

En segundo lugar, los Centros Tecnológicos, desde hace años, no cumplen su función originaria de implicarse con la modernización de las pymes vascas lo que no es incompatible con la obtención de beneficios. Esta dinámica conlleva que  se acentúa la dualización de las pymes, unas, innovadoras, con vida estable y perspectivas de futuro y otras con destrucción de la capacidad productiva (37% en el caso de Bizkaia, en el periodo  2007-2013, 32% para Gipuzkoa y 31% para Araba) y falta de modernización.

En tercer lugar  falta un organismo  de Inteligencia Económica, que apoye a las pymes tanto en el diagnóstico empresarial, como en la gestión de la información, en áreas tecnológicas, estratégicas, comerciales, etc, al igual que existen en otros países occidentales.

Respecto a la gobernanza se plantea un nuevo modelo “abierto y participativo”. Se señala  que el Consejo Vasco de Ciencia, Tecnología e Innovación CVCTI) es  el “órgano de orientación estratégica y de participación” entre otros aspectos. No existe participación sindical, aunque sí hay una representación de cuatro personas procedentes de la patronal. Es evidente que no existe diálogo social real y el modelo de relaciones laborales ni favorece la estabilidad laboral ni a la cualificación colectiva.

En definitiva  este Plan es de corte continuista en la línea de PCTI2015 y PCTI 2010. Y ya vemos como la industria vasca desde 2007 hasta la actualidad sigue perdiendo peso económico, perdiendo empleo y no cambiando sustancialmente en la esfera de los niveles tecnológicos de nuestras empresas.

¿Reindustrializar? Sí, gracias

Hay que partir de un enfoque reindustrializador de la industria vasca que pasa por una mayor inversión pública industrial, tanto en I+D+i, como articulando actuaciones público-privadas en empresa de referencia. Por un aumento de los ingresos presupuestarios, vía fiscalidad. Por allegar recursos mediante préstamos del Banco Europeo de Inversiones, que maneja 40.000 M de euros anuales. También por dinamizar una política industrial intervencionista, reforzando y modernizando a las pymes. Así como por potenciar la participación sindical y patronal en la estrategia industrial vasca, articulando los mecanismos  institucionales  adecuados. Y por último, por impulsar una formación continua estratégica especialmente en las pymes.  ●

Sabin Azua

Socio Director de B+I Strategy

 

La industria, motor de la vida futura en Euskadi

La prolongada duración de la crisis económica en que estamos sumergidos en Europa y en Euskadi en particular, sus profundos impactos negativos en la vida de las personas, en términos de desempleo, pérdida de calidad de vida, deterioro de los niveles de igualdad social, etc., deben provocarnos una reflexión: ¿qué capacidad tiene nuestro país para desarrollar mecanismos de generación de riqueza que faciliten el desarrollo económico y la recuperación y mejora de los elementos de cohesión social?

Como bien establece el economista americano Paul Krugman “Está totalmente demostrado que una sociedad con profundas desigualdades sociales es un elemento de permanente lastre al crecimiento, mientras que una adecuada política de distribución de las rentas constituye una base para una economía más competitiva”. Afirma asimismo que “no hay ninguna evidencia que demuestre que haciendo más ricos a los ricos se produzca un enriquecimiento del Territorio en su conjunto, hecho que si se produce cuando mejoramos las rentas de la población más necesitada”.

Múltiples fuentes del mundo económico demuestran que los países y regiones donde se producen menores niveles de desigualdad social obtienen los mayores niveles de crecimiento sostenido y duradero. Esta situación ha presidido toda la actuación de las administraciones vascas en los últimos años. No nos descubre nada que no sepamos en nuestra sociedad – cuyo rasgo distintivo es precisamente éste -, pero ratifica que el camino que debe seguir Euskadi en su apuesta por el futuro deberá cimentarse en esta premisa.

Soy consciente que la vida de muchas personas y familias de nuestro país se ha deteriorado notablemente, que vivimos situaciones de injusticia, pero creo que es necesario destacar como elemento claramente positivo que, según un estudio de la EHU-UPV, realizado siguiendo metodología de la Unión Europea, Euskadi se situaría en segundo lugar a nivel europeo (sólo superado por Suecia) entre los países con menor nivel de desigualdad social.

Nuestra apuesta estratégica básica como nación es situarnos al frente de esa clasificación. Hoy más que nunca necesitamos volver a apostar por la generación de riqueza, la solidaridad, la instrumentalización de mecanismos de desarrollo futuro, el reparto equitativo de las rentas, y una educación de calidad. Solamente con el esfuerzo compartido y la generosidad de nuestras actuaciones podremos sortear los vericuetos de la difícil situación económica.

Creo firmemente que para avanzar en esta profundización de nuestra competitividad, debemos combinar adecuadamente la generación de riqueza y la cohesión social. La batalla por reducir las desigualdades sociales no se gana simplemente elevando el gasto social y promoviendo la redistribución de la renta, sino que se apoya – en primer término – en la generación de riqueza en el territorio. Para mí, ésta es la primera de las políticas sociales.

La apuesta central de nuestro país en cuanto a mecanismos de generación de riqueza es la potenciación de la competitividad de nuestra Industria. La importancia del sector industrial ha sido reconocida por las economías más avanzadas, acrecentándose su relevancia en el momento económico que vivimos. Hemos caído en la cuenta de que cuando se pierde la pujanza industrial es terriblemente complicado reconstruir esa capacidad. Aquellos países que mejor se están recuperando de la crisis son los que cuentan con una economía basada en una industria orientada hacia la inserción internacional de productos de valor añadido.

El nuevo escenario en el que se moverán nuestras empresas industriales tendrá que hacer frente a importantes y numerosos retos: creciente complejidad de la competencia internacional,  incorporación de empresas provenientes de los llamados países emergentes y los BRICs, la configuración de nuevos espacios de competencia en cada uno de los mercados, la tendencia al fortalecimiento de la industria en muchos países como eje central de competitividad, la presencia de nuevas pautas de comportamiento más centradas en el proteccionismo, la necesidad de crear valor en economías con unos niveles de desempleo elevados, etc.

Por todo ello debemos seguir avanzando para situar a la empresa en el centro del modelo de desarrollo económico y social de nuestro país. La empresa constituye el espacio natural para la generación de riqueza, promueve la mayoría de la I+D que se realiza, es el ámbito natural para el desarrollo personal y profesional de un número significativo de personas del territorio, dinamiza la creación de empleo sostenible, produce bienes y servicios necesarios, etc.

Como he comentado previamente el camino para mantener la tensión competitiva de nuestras empresas es complicado dados los innumerables retos señalados.

En Euskadi partimos de una posición adecuada para afrontar este reto. Debemos completar nuestra apuesta por la industria potenciando algunos de nuestros rasgos y capacidades diferenciales: la capacidad de industrializar procesos, la construcción de proyectos empresariales basados en/por las personas (sin parangón en Europa), la interacción cooperativa entre todos los agentes, las sinergias de la cercanía entre lo público y lo privado, o la creciente capacidad de interactuar internacionalmente.

Seamos conscientes que el País, o es industrial o no será.  ●

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