OTRO TEJIDO FINANCIERO ES POSIBLE

Alberto Castro
Periodista económico

OTRO TEJIDO FINANCIERO ES POSIBLE

Ya no hay tiempo para más debates sobre si Kutxabank es un banco público o privado. La suerte está echada desde el comienzo de la historia. Lo repitió su presidente Mario Fernández en varias ocasiones antes de presentar el 27 de noviembre de 2014 su dimisión: “Esto no tiene vuelta atrás” y “en 3 o 5 años veo a Kutxabank en bolsa”. Ya no sirve mirar hacia lo que pudo haber sido, sino es con el fin de mantener la presión sobre los patronos de las fundaciones bancarias y los directivos para que, al menos durante un tiempo, puedan seguir hablando de su interés por avalar la obra social y mantener el control vasco de Kutxabank. Y los plazos para su total desvinculación de este objetivo pueden acortarse si el Banco de España califica de concertación la política de BBK, Kutxa y Vital, tal como se puede desprender de su proyecto de circular para las cajas de ahorro y fundaciones bancarias del 29 de octubre. Les obligaría a perder la mayoría en el banco o a asumir condiciones draconianas como un elevado fondo de reserva y un plan de diversificación y gestión de riesgos, amén del protocolo de gestión y plan financiero exigido a las fundaciones con más de un 30% de participación.   

Portazo y nueva puerta

El portazo dado al alimón por Bruselas, Madrid y Ajuria-Enea a las aspiraciones de hacer de esta nueva entidad una imagen lo más fiel posible de los valores de las extintas cajas de ahorro vascas nos pinta un panorama sombrío, aunque al mismo tiempo alienta a explorar otras posibilidades para la construcción de un tejido financiero comprometido con Euskal Herria. Y esto es así, además, porque sabemos del valor aportado por las centenarias cajas al desarrollo económico, al menos, de los territorios vascos del sur. Bien es verdad que no todo pueden ser bendiciones para este tipo de entidades, ya que han dejado también muestras de pésima gestión. Así, baste recordar alguno de los errores monumentales de los últimos años. Las operaciones inmobiliarias de la Kutxa en Murcia o la excursión de BBK hacia Andalucía para adquirir Cajasur, una operación a contracorriente de las aspiraciones de dotar a EH de un sistema financiero apegado al territorio, ejemplifican que todos los modelos tienen lagunas y que solo un control social puede minimizar el daño. Tampoco debemos dejar pasar por alto la escasa sensibilidad social de las cajas y bancos en tiempos de crisis con los desahucios o la aplicación lesiva para los clientes de las modificaciones sufridas por índices hipotecarios.

Ya en Navarra, podríamos hablar de un mayor despropósito, si cabe, en la CAN, que fue engullida, sucesivamente, por Banca Cívica y Caixabank, después de sufrir un expolio. A pesar de algunos comentarios interesados, la dirección de la CAN y el gobierno de UPN han mantenido en los años previos a su desaparición una actitud hostil con todo aquello que podría considerarse acercamiento al resto de las cajas vascas. Según Miguel Sanz, entonces presidente navarro, los procesos de fusión debían estar alejados de “criterios políticos”.

 

Futuro

Pero es tiempo de mirar al futuro: hay que buscar alternativas sólidas a partir de lo que ahora tenemos como fuentes de financiación y crédito. Hay que pensar otro tejido financiero o, al menos, encontrar las pautas para regenerar lo que ahora conocemos. En las cuatro provincias del sur, la vocación de sumar para EH se circunscribe a Kutxabank, embalado hacia su completa desligazón del control social y conversión en un banco privado al uso, y Laboral Kutxa, la histórica cooperativa de crédito nacida en 1957 para apoyar la expansión del cooperativismo. En 2012 dio un paso para reforzar su posición al fusionarse con Ipar Kutxa.

Asimismo, se dispone de otras sociedades interesantes para irrigar las vías de financiación de empresas como son las sociedades de garantía recíproca o, a otro nivel, los fondos de capital riesgo, especialmente interesantes a la hora de crear empresas, ponerlas en marcha y abrir el camino a su expansión.

 

¿Qué hacemos?

La pregunta viene ahora: ¿Qué se puede hacer para adecuar el tejido financiero a las necesidades actuales y futuras del conjunto de EH? Lo primero es debatir cuáles de los modelos existentes engarza mejor con las aspiraciones de EH. Una respuesta, anacrónica y extemporánea para muchos, sería la de crear una nueva caja de ahorro. Sé que suena a disparate, porque ni la inmensa mayoría de las instituciones, ni la deriva europea por el control del sistema financiero van a facilitar una pista de despegue.

La nueva ley obliga a las cajas a operar en su comunidad autónoma y como máximo expandirse a 10 provincias (¡) limítrofes. Ahora bien, no pueden tener activos consolidados por un valor superior a los 10.000 millones de euros, ni sobrepasar el 35% en su cuota del mercado de depósitos del territorio.

Bien, ya podemos pensar en vertebrar nuevas entidades, que traigan los ecos de la antigua Federación de Cajas-Vasco Navarra, y que sean capaces de generar actividad en los cuatro territorios del sur para fortalecer la economía con las claves del pasado y el control social, ahora perdido con la privatización de Kutxabank, la entidad líder en solvencia de los bancos del Estado español. Algunos hablarán de sacar los pies del tiesto con esta idea, pero no debe desecharse a la primera, ya que puede ser un buen inicio del debate.

Todavía nos queda, sin embargo, el papel de Laboral Kutxa, que ha entrado de lleno con sus aspiraciones de convertirse en referencia de banca cooperativa en el sur de EH. Los valores supuestos a esta clase de sociedad como arraigo y vinculación al territorio; conocimiento del medio y los sectores a los que sirve y continua adaptación a las necesidades de sus clientes y socios son muy pertinentes a la hora de hablar del futuro de EH. Bien es verdad que, como sucedió con las extintas cajas, se han producido y se producen sucesos totalmente ajenos a ese espíritu. Así, como ejemplo, podemos citar la aventura con Lehman Brothers -162 millones invertidos en bonos- o la comercialización, al menos irregular, de aportaciones financieras. Con todo, es otro modelo muy a tener en cuenta para fundamentar las bases de un tejido financiero enriquecedor para EH.

 

Territorios sin referencias

Menos esperanzador es mirar al corazón de EH, ya que en Navarra la desaparición de la CAN deja huérfanos de referencias a los que tratan de buscar relaciones interterritoriales en el entramado financiero. La existencia de la Caja Rural de Navarra, que está asociada al Grupo Caja Rural y que usa los servicios comunes del Banco Cooperativo Español, no parece ofrecer oportunidades en este sentido, a pesar de que opera en Navarra, La Rioja, Gipuzkoa, Alava y Bizkaia.

En el norte de EH, la situación del sistema financiero es aún peor, dado que, como sucede con el resto de su actividad económica, política, social o de enseñanza, está sujeto a decisiones que se toman lejos. La falta de un departamento únicamente vasco es una losa gigantesca para pensar también en un futuro próximo de relaciones estrechas en este terreno. La única referencia de peso es, por ahora, Banque Michel Inchauspé, que tiene la condición de entidad financiera vasca por su origen y su presencia a lo largo del territorio del norte, aunque su ámbito de actuación es más extenso. Existen, además, sociedades cooperativas que tienen un área de influencia superior a la del propio departamento de los Pirineos Atlánticos, en el que se encuadran el territorio vasco y el de Béarn.   

 

Iniciativas interterritoriales

Por el momento, grosso modo, podemos decir que estrechar las relaciones económicas entre el norte y el sur se presenta a día de hoy harto complicado, dado que no se presta atención alguna a esta posibilidad desde las cúpulas de las instituciones aquí radicadas. La misión, por tanto, debe enfocarse a buscar los modelos más sociales y participativos en el diseño de las entidades financieras con el fin de unir los intereses por EH. Los bancos tradicionales, como es bien sabido, son más un impedimiento que agentes dispuestos a la colaboración.

En este contexto, solo cabe ahora construir puentes con iniciativas de financiación interterritoriales de largo recorrido, como algunas de las que ya están en marcha, para fortalecer lazos económicos y ayudar a las zonas menos favorecidas de EH, abandonadas a su suerte por los distintos gobiernos y muchas empresas al no ofrecer oportunidades de rentabilidad alta y rápida. Se deben suplir estas carencias con inversiones inteligentes que coadyuven a su desarrollo económico, sin olvidar el respeto al medio y a sus habitantes.  ●

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