La resiliencia urbana como herramienta frente a situaciones límite

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La capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas es conocida como resiliencia, un concepto que se viene usando en muy diferentes campos, pero que tiene un significado particularmente adecuado cuando se refiere a la forma de hacer frente a una crisis. Una crisis que puede venir derivada de desastres naturales, de la influencia del cambio climático, del desabastecimiento de energía o agua o de un incremento inesperado del deterioro social.

Sin embargo, el modo de afrontar una crisis sobrepasa las capacidades individuales y se enmarca dentro de las capacidades colectivas, en especial en el caso de las ciudades. Es por ello que se tiende a hablar de ciudades resilientes, refiriéndose a aquellas que poseen una serie de resortes para hacer frente a esas dificultades máximas que se presentan en forma de crisis, un modelo de actuación adaptado a cada tipo de desastre que pueda sobrevenir.

Con el fin de crear un modelo de resiliencia propio para las ciudades europeas, la UE ha puesto en marcha un proyecto que estudiará la forma en que se puedan afrontar del mejor modo posible esas futuras crisis ocasionadas por factores externos o internos. Para ello ha elegido siete ciudades europeas, entre ellas Donostia, con el fin de establecer los parámetros que contribuyan más eficazmente a ese objetivo. La previsión es que ese modelo de actuación estaría dispuesto para 2018.

Las siete ciudades elegidas, entre las que se encuentran Roma o Glasgow, servirán de laboratorio de pruebas para que equipos de expertos, coordinados en el caso de Donostia por la Universidad de Navarra-TECNUN y la Oficina de Estrategia municipal, pongan a prueba la capacidad de la ciudad para afrontar situaciones de deterioro social, las derivadas del cambio climático o problemas críticos en infraestructuras como los referidos al transporte, la sanidad, el agua o la energía.

El concepto de resiliencia proviene de la ingeniería y de la física, campos en los que se entiende como la capacidad de un elemento de recuperar el equilibrio perdido tras un impacto. La ecología añadió la idea de absorción del impacto por parte del sistema. En ese sentido es conveniente conocer si la ciudad es capaz de absorber el impacto de la crisis y que consecuencias se derivan de la misma. Por lo tanto, ante un determinado impacto o desastre, la trama urbana debe responder de tres maneras: resistiendo en primer lugar, adaptándose en segundo, y por último recuperándose del shock sufrido. Las tres respuestas deben ser complementarias.

En la medida en que una ciudad posea una estructura económica más diversificada, una amplia capacidad de innovación, un nivel de formación alto en su capital humano o instituciones ágiles en la respuesta, entre otros muchos factores a considerar, estará mejor preparada para enfrentarse a una crisis. El Informe sobre Desarrollo Humano 2014 de Naciones Unidas se hace eco de la cuestión, al entender como estrategias complementarias para incrementar el desarrollo humano la reducción de la vulnerabilidad y el fomento de la resiliencia.

Más información:

Informe sobre Desarrollo Humano 2014 – PNUD

Regional Economic Resilience, Hysteresis and Recessionary Shocks – Ron Martin

 

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