El desarrollo social no es solo cuestión de economía

Ana Sofi Telletxea Bustinza
Cáritas Bizkaia

Desde la experiencia del trabajo cotidiano de Cáritas con las realidades de pobreza y exclusión social, observamos que los datos de crecimiento económico y las previsiones de crecimiento del empleo no están impactando en el día a día de las personas.

La pobreza y la vulnerabilidad social continúan creciendo, no solo en número de personas afectadas, también en aumento de la precariedad de las condiciones de vida y de esperanza en el futuro. 1

Abordar la cuestión desde la perspectiva de la exclusión social nos puede ayudar a encontrar claves interpretativas de esta realidad.

Además de los factores económicos, cuando hablamos de exclusión estamos teniendo en cuenta dimensiones personales, comunitarias, y estructurales.

Cuestiones como el empleo de calidad, el reconocimiento de derechos de ciudadanía, el acceso a las principales políticas sociales (educación, sanidad, servicios sociales, rentas mínimas, vivienda y el cuidado de la dependencia) y la calidad y densidad de las relaciones y redes de apoyo.

El Informe FOESSA para el País Vasco (2014) identifica como principales factores de exclusión en Euskadi los problemas relacionados con la vivienda, el empleo y la salud (en este orden).

La cuestión del desempleo no se dirime exclusivamente en la creación de puestos de trabajo. Hay que tener en cuenta la calidad y la capacidad de integración social que pueda generar la creación de empleo. El colectivo de “trabajadores/as pobres” es ya una realidad que evidencia el hecho de que hoy en día encontrar un trabajo no tiene por qué suponer salir de la pobreza. Los cambios en el mundo del empleo le hacen perder capacidad de protección económica y debilita su función social de auto-realización realización y aportación personal al desarrollo colectivo (producción y transmisión de bienes, servicios y conocimiento.)

Las situaciones de vulnerabilidad y exclusión social no afectan a toda la población por igual: Familias con menores, especialmente las encabezadas por una mujer sola, hogares sin empleo o con un empleo precario, familias llegadas de otros países y hogares con algún miembro con discapacidad están afectados en mayor medida por la pobreza y el riesgo de exclusión social.

La vulnerabilidad de los hogares con menores o, con algún miembro con discapacidad, y la realidad de las personas mayores con situaciones de dependencia, nos sitúan también ante el reto de cómo abordar la cuestión de los cuidados a lo largo de la vida.

El apoyo social, personal y familiar constituye uno de los factores más importantes de inclusión social y apoyo en la vulnerabilidad. Las redes de apoyo de la familia, la vecindad y las amistades en Euskadi son intensas y plurales y están siendo de gran apoyo para las familias. Aun así, estamos percibiendo un relativo deterioro de estas relaciones que ponen en riesgo la cohesión social.

Ante esta compleja situación traigo aquí algunas de las propuestas de Cáritas realizadas en el marco de la presentación del Informe sobre exclusión y desarrollo social en el País Vasco (FOESSA, 2014):

  • La certeza de que el desarrollo social y el de las personas no es únicamente el desarrollo económico nos hace plantear la necesidad de considerar indicadores de desigualdad, pobreza, exclusión social y privación material como indicadores de mayor o menor desarrollo. Por lo tanto, hasta que estos indicadores no mejoren significativamente no podremos hablar de una auténtica salida dela crisis.

  • La necesidad de evaluar la acción política teniendo en cuenta su impacto en la mejora de estos indicadores. En este sentido, la necesidad de políticas que contribuyan al desarrollo social: sanidad, educación, empleo, redistribución de la riqueza, etc… entendidas como inversión en desarrollo y no como gasto.

  • La necesidad de afrontar las consecuencias de la crisis en la población más afectada, reforzando las políticas de rentas mínimas (RGI), servicios sociales, protección de las familias con menores, cuidado de la dependencia, etc.

  • Para ello necesitamos un compromiso ético redistributivo que pasa por una fiscalidad “a la altura de las necesidades”, en la que es imprescindible también una pedagogía fiscal de la ciudadanía.

  • La construcción de una sociedad y una ciudadanía que apuesta por el bien común. Una sociedad basada en derechos universales y no en privilegios individuales. Un modelo social orientado a poner freno a la transmisión intergeneracional de la pobreza y la exclusión.

  • La necesidad de generar una economía al servicio de las personas. En este sentido, las experiencias de economía social y solidaria están siendo un ejemplo innovador, con un impacto nada desdeñable en la creación de empleo y riqueza. Crecimiento que se conjuga con el desarrollo de un modelo de consumo sostenible que favorece la calidad de vida presente y futura. •

1La Encuesta de Pobreza y Desigualdades sociales (Gobierno Vasco) publicada en 2014 muestra un crecimiento de la tasa de pobreza continuado desde 2008 hasta el 2014. Asimismo, en el período 2012-2014 se ha producido un ligero aumento del a desigualdad y un aumento de la pobreza en el 10% de la población más pobre de la Comunidad Autónoma Vasca.

 

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